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 A quién tú decidiste Amar [ yaoi ]

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Deidad Olimpica
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MensajeTema: A quién tú decidiste Amar [ yaoi ]   Mar Jul 21, 2009 8:32 pm

Prefacio

La lluvia era fina y parecía no mojar del todo a pesar de que estaba empapado. Las doradas hebras caían pesadamente en mechones emplastados en un dorado ceniciento que en nada tenía que ver con el áureo satín de su rubia cabellera.
Un largo suspiro emanó del terciopelo carmesí de sus labios sin desenfocar sus ojos del blanco que miraban fijamente a pesar de la lluvia torrencial.

Capítulo primero: En pedazos.

El frescor de la noche golpeteó suavemente contra sus cinceladas mejillas. Aspiró febrilmente el aire cargado de aromas picantes que el viento de julio traía acompañado de polen, flores y chispas de sal. Abrió sus enormes ojos verdes como dos platos al ver a su mejor amigo acercarse a la distancia. Siempre lo había pensado, el cabello de Shaka era completamente inconfundible. ¿Cuántas veces observó perdidamente embelesado el cabello de Shaka? Ya ni siquiera lo recordaba, sin embargo estaba seguro de que era una de las cosas más bonitas que existían. Aunque no conociera demasiado del mundo, pues a sus escasos trece años, poco conocía de el, menos viviendo en un pueblo tan pequeño como aquel. Su madre era una costurera, a su parecer, la mejor del pueblo, aunque los demás no lo apreciaran como él. La amaba mucho y a la muerte de su padre él tuvo que encargarse de ella, así se lo había prometido a su padre y así lo haría hasta que el último aliento expirara en su pecho.

-¡¡Shaka!!—gritó a todo pulmón, bajando de un salto la cerca de madera ya picada a causa del irrevocable paso del tiempo y las inclemencias de la naturaleza.
El aludido sonrió apagadamente mientras se acercaba a pasos mortalmente pausados hacía el adolescente de malvas cabellos.
-¿Ocurre algo?—preguntó Mu preocupado por aquel estado en el que se hallaba Shaka, casi irreconocible.
A pesar de su alta condición social, Shaka siempre había sido muy bueno con él, al igual que su madre y su padre.

Los Kothegal eran la familia más acaudalada del pueblo, y se decía que tanto el padre, como la madre de Shaka, descendían de poderoso maharajaes de la India y que se habían trasladado a aquella pequeña localidad por motivos que realmente nadie conocía.

Shaka se sentó silenciosamente sobre el prado aún humedecido mirando fijamente hacía el pueblo, con sus montones de lucecitas encendidas e iluminando espléndidamente la cálida noche.
Mu bajó melancólicamente sus grandes ojos verdes. Sabía que algo pasaba, aunque no supiera realmente qué es lo que era. Buscó con su manecita blanca la de su amigo, sólo para ser rechazado. Shaka la apartó bruscamente, haciendo un puchero de fastidio.

Un nudo se hizo en la garganta del pequeño hijo de la costurera del pueblo, mientras miles de dudas bombardeaban la parte más recóndita de su ser.
Se giró lentamente sobre sus talones, buscando esperanzado el celeste líquido de los ojos de Shaka… pero de nuevo nada, sólo un mutismo avasallador que le rompía el corazón en mil fragmentos.
Y, para evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos delante de Shaka, echó a correr más rápido de lo que sus piernas se lo permitían.



-»¦«- ===================================== -»¦«-



Talló sus ojos con pereza. Había dormido con tal placer, que casi había olvidado el hecho de que estaba en una cama que no era la suya.

Habían pasado siete largos años desde esa noche en su lugar favorito. Siete largos años sin la presencia de Shaka en su vida. Al día siguiente pudo comprenderlo todo. La familia de Shaka se marchaba del pueblo y nadie sabía a donde, ni siquiera la servidumbre.

El sonido de la puerta desvió sus pensamientos vertiginosamente.
-A… Adelante—tartamudeó cubriéndose un poco con las sabanas.
-Con su permiso señor—dijo la joven uniformada que deslizaba el carrito silenciosamente con el desayuno.
-No… es necesario que lo traiga aquí señorita, yo puedo bajar a la cocina—exclamó el pelilavanda completamente sonrojado y buscando torpemente la bata que descansaba al pie de la enorme cama.
-¿A la cocina? No necesito repetirte que no eres parte de la servidumbre Mu—una voz potente y varonil resonó dentro de la habitación.
-Señor Kanon—los colores se le subieron al rostro al ver ingresar al dueño de la magnífica casa de cuento de hadas.
El atractivo peliazul cruzó los brazos sobre su pecho.
-¿Señor? Valla que eres extraño Mu. Llevas tres mese aquí y aún no te acostumbras a decirme Kanon. Llámame sólo Kanon… ya lo sabes ¿verdad?
El corazón de Mu pareció latir con más rapidez de lo habitual, encerrándolo en el propio laberinto de aquel pulsar furioso.
El peliazul sonrió complacido, para luego girar sobre sus talones y salir de la habitación.
La doncella acomodó el desayuno de Mu en una mesita que quedaba justo a un lado del enorme ventanal, donde alegres motas doradas ya se colaban traviesamente, inundando la caldeada habitación del calor natural del astro rey.
Sus pies descalzos tocaron la suave y fina alfombra y se trasladó aun mueble del cual sacó una vieja agenda ya amarillenta por el paso del tiempo.
A pesar de que su madre nunca había sido una mujer rica, lo había instruido bien. Gruesas lágrimas brotaron de sus grandes ojos de terciopelo color esmeralda. Su madre había sucumbido finalmente algunos años después de la partida de Shaka.
Cerró el libro de golpe. Y se limpió copiosamente los ojos, casi con furia. Shaka no le había dicho nada, no era justo que él siguiera llorando su partida a pesar de que los años habían pasado sin perdonar a nadie….
Del alegre Mu, ya no quedaba casi nada, se había vuelto tímido y ligeramente huraño. Cuando Kanon Dalaras, un magnate griego lo encontró husmeando en sus territorios decidió tomarlo como protegido. Ahora estudiaba cálculo, artes, teología y mil y un materias que según él le servirían para el futuro… aunque él, un joven de diecisiete años recién cumplidos, ignoraba qué futuro. Su vida se había roto en mil fragmentos que se redujeron a una nube de polvo que el viento se llevó para no devolver jamás.
Y seguía pensando en él… en ese amigo que hacía su mundo estremecer por el sólo hecho de obsequiarle una sonrisa… un amigo que lo dejó atrás, herido como un animal sin decirle que se marchaba… y seguía sufriendo por él…. por un amor de infancia que de ninguna manera podía haber sido…. ¿Le había dejado algo más? ¿Algún trozo de alma que le indicara que su corazón aún palpitaba?
No, Shaka lo único que había hecho era dejar trozos de lo que un día fue un niño alegre que sonreía felizmente por el más mínimo descubrimiento.
Estaba resuelto… olvidaría a Shaka Kothegal al precio que fuera….

Continuará….

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M e g a m i A t h e n a
Selphie  Sagara Yagami
I'm yours and suddenly you're mine...


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